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viernes, 11 de abril de 2014

Hijo de lesbianas

El Azul en el Arcoíris reproduce integramente al artículo de Ilka Oliva Corado: "Hijo de Lesbianas" publicado en Rebelión mediante Licencia de Creative Commons, se respeta el contenido en texto de la publicación.

Por lo general cuando hablo del Sur –de mis amores- del continente americano personas guatemaltecas me acusan de no tener identidad y la verdad es que mi amor por el Sur está muy lejos de ser fanatismo y efectivamente aunque le duela a muchos y a muchas tenemos demasiado qué aprender de estos países que día a día nos dictan cátedra. La frase que yo he utilizado siempre es que “nos llevan años luz” y nada de falso hay en ésta.

Y estas personas reaccionarias lo primero que dicen que: “si tanto le gusta Chile pues que se vaya a vivir allá” “si tanto le gusta Argentina pues que se largue para allá” “ quiere presidente socialista pues que se vaya a la tierra de Mujica” “muy socialista pues que se vaya a vivir a Cuba” “Ella es la contradicción porque es de izquierda y vive en Estados Unidos”, nuevamente esa forma de enjuiciar a las personas tan típica de la sociedad guatemalteca. Por donde quiere que lo veamos el Sur es una alborada mientras que Guatemala se hunde más en el hoyo. El eterno pretexto es el de siempre: pero Ilka lo que pasa es que hay un pasado muy atroz y eso debe tomarse en cuenta.

En Guatemala aquello de “Nunca Más” es oración del día después de una borrachera, para nada más sirve. El “Nunca Más” no tiene que ver con la dignidad y mucho menos con la memoria histórica. El “Nunca Más” debería ser nuestra proclamación de todos los días en todo cuanto amenace con robarnos la dignidad.

Nunca Más: discriminación, violencia, feminicidio, impunidad, robos, desfalcos, soborno, injusticia y sobre todo presidentes genocidas.

No podemos utilizar cómodamente el pretexto del pasado sangriento para no avanzar y romper con cadenas que nos mantienen en la inmovilidad por ejemplo; en el tema del derecho a la identidad de género, el aborto y el matrimonio igualitario. Estos tres temas solo tienen que ver con nuestra homofobia, nuestra doble moral y lo catastrófico de ser ultraconservadores que dicho sea de paso es un lastre. ¿Quiénes somos para inmiscuirnos en la vida íntima de las personas? ¿Qué nos sacamos con criticar la identidad sexual de alguien? ¿Nos incumbe? ¿En qué nos afecta? Lo que sí nos debe de incumbir y afectar es que no todos los seres humanos tengamos los mismos derechos y ahí sí que nos haga arder la sangre ese tipo de injusticia.

Y como el escudo que utilizamos es la iglesia y la biblia como buenos personajes de la doble moral, hoy quiero hablar de Argentina que nos siga dando muestras de que no es falso eso de que “nos lleva años luz”.

Mientras que en Guatemala la Iglesia y el Estado niega los Derechos Humanos Universales a las personas con diferente identidad sexual, en Argentina está sucediendo todo lo contrario porque el día cinco de abril bautizaron a la hija de un matrimonio de dos mujeres y con la gracia de que la madrina es nada más y nada menos que la presidenta Cristina Fernández, no me diga si esto no es una ¡Belleza que enamora! En el 2010 en Argentina se aprobó la ley que permite el casamiento entre personas del mismo género.

Y como ya sé que nunca falta el pelo en la sopa alguien dirá: pero Ilka sí hay una ley que protege de la discriminación laboral…

Ajá, vaya.

¿Para cuándo en Guatemala? Para cuándo vamos a dejar de ser ten inconscientes y ajenos a la equidad y a defender los derechos humanos de todos y todas. El que alguien tenga su opinión muy particular respecto al tema de sexo entre personas del mismo género no debe ser causa para no defender que todos y todas podamos transitar libremente por las calles sin que se nos discrimine, ofenda y violente.

Que podamos tener el derecho a formar una familia como lo tiene un matrimonio heterosexual.
Cuándo dejaremos de ser una sociedad tan hipócrita, intransigente, castrante, opresora, segregacionista.

Es cuestión de leyes claro que sí, porque de palabra carecemos y de acción para lo que es justo mucho más. Se debe abrir las puertas a la diversidad sexual porque existe, porque no es un mito porque es necesario y justo. Porque no se puede castigar a quien es diferente, no se trata de mantener en las sombras a quien se atreve a vivir, porque es inhumano señalar, enjuiciar y agredir.

Ayer conversaba con una amiga que es homosexual y que vive con su compañera, me contaba que quieren ser mamás pero que tiene miedo viviendo dentro de una sociedad tan homofóbica como lo es la guatemalteca, su temor es que le discriminen a su crío y que le digan en la escuela y en la calle cosas como: “hijo de lesbianas”.

Lo de hijo de lesbianas no sería ninguna ofensa en otro país que admira la humidad diversa pero en Guatemala sería hostigamiento de cada minuto. Empezando por la familia, las amistades, la comunidad, la escuela y la sociedad en sí. Es todo. Sabemos que el acoso, el rechazo y la violencia va más allá de un simple “hijo de lesbianas”.

Su relación la mantienen en absoluto encierro por la razones obvias en un país como Guatemala.
Ella quería saber mi opinión y fue la siguiente: que no deje que el miedo la paralice y le robe sus ilusiones. En Guatemala discriminan por todo y pretextos sobran para estarle jodiendo la vida a los demás. Si no es el color de piel es la estatura, es la complexión física, el nivel social donde se vive, los modales en la mesa, -de cama entre más perversos mejor- el nivel de escolaridad, en fin…

El caso de mi amiga es el de millones alrededor del mundo, no es justo que alguien tenga miedo de procrear porque la sociedad es incapaz de ser humana.

Necesitamos -y era para ayer- romper con paradigmas y viejos estandartes de terquedades. Vienen más generaciones, estamos criando seres humanos racistas, prejuiciosos, homofóbicos y es urgente que estas nuevas generaciones tengan la sensibilidad de convivir sin hostigar a quien es diferente.

Es tiempo que Guatemala abra los ojos y despierte y se entere que también su gente es pluralidad en identidad sexual y es hermosa así porque no hay nada más bello que la diversidad cuando comprendemos que el arcoíris es majestuoso por su variedad de colores. 


Fuente Original:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=183000

lunes, 3 de diciembre de 2012

Diversidad y libertad sexual en Guatemala

El Azul en el Arcoiris reproduce de forma integra el artículo "Diversidad y libertad Sexual" de Jaime Barrios Carrillo publicado en el matutino SigloXXI de Guatemala el 02 de diciembre de 2012.


Guatemala es un país atrasado en muchos aspectos. La educación sexual es débil y los derechos sexuales y reproductivos muy poco conocidos. Y muchas veces irrespetados. Cuando no vilipendiados por una mezcla de ignorancia, conservadurismo, mojigatez, religiosidad a ultranza (Guatemala ha dejado de ser un país secular) y ante todo temor.
Los derechos sexuales y reproductivos DSP deben formar parte activa de la formación de la ciudadanía. Se trata de decisiones individuales que implican la aceptación social de cómo mujeres y hombres deciden sobre sus propios cuerpos en el ámbito de la sexualidad y la reproducción. ¿Homosexual o heterosexual? ¿Tener hijos o no, incluidos el aborto voluntario o la inseminación artificial? En términos muy simples y cotidianos: con quién me acuesto y con quién no. Abortar o no.
Por otro lado, en el país suceden violaciones diariamente y en gran número. Muchas mujeres, incluyendo menores, son violadas y no pocas veces dentro de los marcos “legales” del matrimonio (este delito se califica como estupro). O en los casos del llamado “matrimonio infantil”, cuando una menor es dada en matrimonio por la familia para obtener regalías en cambio del esposo, que suele ser un hombre mucho mayor que la víctima. Estas uniones contra la voluntad de la niña son mucho más frecuentes de lo que se cree en Guatemala. La necesidad tiene cara de matrimonio infantil.
El aborto no es legal todavía en el país. Pero esto no impide que se realicen miles de abortos cada año en condiciones deficientes desde el punto de vista médico y de higiene básica, lo que pone en peligro la vida de las abortadas, muriendo o quedando lisiadas un número desconocido pero que se estima elevado. Muchas mujeres que abortan, incluyendo menores, habían resultado embarazadas después de una violación.
Los homosexuales, hombres y mujeres, llevan también muy mala parte. No sólo la estigmatización sino la persecución moral y en muchas oportunidades la represión física. Personas homosexuales, trasvestís o transexuales (HBT) han sido maltratadas e incluso asesinadas en Guatemala por el hecho de serlo. La sociedad machista, autoritaria y patriarcal que tenemos, incita a la discriminación de los homosexuales. La norma heterosexual en Guatemala tiene una esencia represora y destructiva, negadora de la libertad. Mientras el mismo presidente Obama en los Estados Unidos en su discurso de la victoria reconocía los ciudadanos gay como parte integrante de la nación americana (algo histórico por cierto), en Guatemala no ha habido ningún partido político que reconozca los derechos de los homosexuales.
Ser homosexual no puede ser un delito ni una falta moral ni muchos menos una enfermedad, es un derecho. Incluido el matrimonio con el mismo sexo.
Abortar también lo debe ser y la decisión final debe radicar en la mujer, es decir si quiere o no tener un hijo.
Basta de violaciones impunes. De matrimonios infantiles. De discriminación y estigmatización de ciudadanos que no escogieron la norma heterosexual.

Fuente: http://www.s21.com.gt/node/289106